La forma que adopta nuestro dolor

Cómo afrontar toda una serie de emociones, incluido el sentimiento de culpa, que surgen con la pérdida de una mascota.

Por Emily Douglas

Estoy observando cómo dos perros se persiguen entre sí alrededor de un montón de leña apilada en mi jardín. Uno de ellos parece un zorro negro con las orejas caídas, mientras que el otro es un perro espigado de color café y blanco, con un pelaje atigrado y una larga cola con una punta blanca. En todo momento, ambos se mantienen a una distancia de entre 9 y 10 pies. Corren en una sola dirección, mientras uno persigue al otro. Luego, hacen una pausa, manteniéndose alertas, en lados opuestos de la leña apilada, escuchándose y olfateando todo, pero sin poder verse porque la pila de madera les obstruye la vista. Uno de los perros sale corriendo en dirección opuesta, lo que provoca que el otro comience a correr al ver que el que lo persigue dobla en la esquina. 

Esto continúa durante casi 10 minutos. Ambos perros tienen la boca abierta, la lengua afuera y parece que están sonriendo. Sus expresiones faciales transmiten cosas como ¡Me estoy divirtiendo muchísimo! ¡Esta pila de madera es lo mejor que existe! Los movimientos animados de sus colas cuando se detienen y luego vuelven a correr esparcen mucha alegría por todo el jardín, como si fueran varitas mágicas.

Ellos son Charlie y Buster, mis dos perros. Los perdí debido al cáncer en 2017 y 2021, con una diferencia de 4 años. Ambos tenían 12 años cuando fue necesario recurrir a la eutanasia. En ambos casos, confundí los sutiles síntomas físicos de su enfermedad con artritis y vejez. Además, los exámenes veterinarios de rutina y los análisis de sangre no fueron suficientes para identificar el problema. En ambos casos, tuve que tomar rápidamente la decisión de recurrir a la eutanasia y en el caso de uno de ellos, esto fue muy traumático.

Cuando vuelve a mi conciencia el dolor de estas pérdidas, me invade totalmente. El duelo y el arrepentimiento me inundan por completo en oleadas incesantes y hasta me cuesta respirar. Es entonces cuando agarro el teléfono o utilizo la computadora para ver el video que grabé de Charlie y Buster hace más de una década, cuando se perseguían felizmente alrededor de aquel montón de madera.

El peso de sentirse responsable por la pérdida de una mascota

Cuando recibimos a las mascotas en nuestros hogares y pasan a formar parte de nuestras vidas, asumimos la responsabilidad de su salud, bienestar y longevidad. Las alimentamos, las aseamos, las sacamos a caminar, les damos medicamentos preventivos y las llevamos al veterinario. Determinamos cuánto ejercicio hacen y cuántos premios comen. También, les limpiamos el lodo de las patas, así como cualquier otra cosa que puedan pisar. Decidimos cuándo es el momento de pagar radiografías, análisis de sangre y cualquier medicamento nuevo. Si un zorrillo las rocía, somos nosotros quienes les enjuagamos sus tristes ojos y las salvamos del enorme y tóxico mal olor característico de los zorrillos.

Por eso, cuando una de nuestras mascotas sufre una enfermedad terminal o fallece, es natural sentir que fracasamos al no hacer nuestra tarea más básica. La Dra. Katie Lawlor explica lo siguiente: “Sin duda alguna, sentiremos culpa, vergüenza y muchas otras emociones desgarradoras hacia nosotros mismos si creemos que debimos haber sido capaces de salvar a nuestra mascota”. Como psicóloga clínica especializada en la pérdida de mascotas y procesos de duelo, la Dra. Lawlor ayuda a las personas que las han perdido a afrontar su dolor y a encontrar los recursos que necesitan para cuidar su propia salud mental y procesar su pérdida. Ella explica que “como seres humanos, nuestro cerebro está programado para resolver problemas y encontrar soluciones, pero cuando nuestras mascotas fallecen o reciben el diagnóstico de una enfermedad terminal, no hay una solución ni una respuesta”.

Durante los últimos seis meses antes de la muerte de Charlie, él comenzó a mostrar pequeñas señales de que algo no estaba bien. Ese perro que jugaba a atrapar una pelota de tenis durante todo el tiempo que se la lanzaras ahora se sentaba después de una sola vez. Ese perro que siempre le quitaba el mejor lugar del sofá a las otras mascotas, ahora dormía solo en un rincón fresco del sótano. Pero, por lo demás, él parecía estar bien.

Charlie, que era el mayor de nuestros cuatro perros, todavía comía, bebía y caminaba con normalidad y no mostraba nada fuera de lo común en los exámenes veterinarios ni en los análisis de sangre. Pero después, en tan solo una semana, las cosas empeoraron. Las radiografías que tomó el veterinario mostraron una posible masa junto a la vesícula biliar y dos días después, ya fue necesario recurrir a la eutanasia.

Después de esa experiencia, me dije a mí misma que nunca más pasaría por alto las señales de que algo estaba mal con una de mis mascotas. Y después volvió a suceder 4 años después con Buster. Una masa se rompió junto a un órgano interno. Lo llevamos de urgencia al veterinario a las 3 a.m. y, una vez más, hubo que tomar la decisión de calmarle el dolor a nuestro perro y permitirle descansar de inmediato. Los hechos de aquella noche con Buster, junto con cada detalle, grande o pequeño, todavía me atormentan. Y en torno a cada parte de ese recuerdo está ese pensamiento oscuro y abrumador de que debí saberlo y evitar lo que ocurrió.

La compasión en lugar de la crueldad con nosotros mismos

Curiosamente, culparnos de cómo y cuándo fallecen nuestras mascotas nos resulta tan natural como amarlas. Al respecto, la Dra. Lawlor afirma lo siguiente: “Para algunos de nosotros, es más fácil castigarnos duramente que aceptar una pérdida. Los seres humanos somos realmente buenos para ser muy crueles con nosotros mismos cuando estamos pasando por un duelo, en vez de tratarnos con bondad y compasión”.

Las personas que tienen mascotas, quienes trabajan en áreas como bienestar animal y medicina veterinaria, aquellos que ofrecen su tiempo como voluntarios para ayudar a las mascotas en sus comunidades o para ayudar a sus amigos y vecinos con sus mascotas son, sin duda alguna, unas de las personas más compasivas que existen. A menudo, su compasión es lo que las define como seres humanos y, sin embargo, de alguna u otra forma, esa inmensa compasión desaparece en esos momentos en que más la necesitan para sí mismas.

Mascotas en general: Pérdida de una mascota

Para ayudar a explicar esta falta de compasión hacia nosotros mismos, la Dra. Lawlor explica que hay dos tipos de emociones que por lo general surgen después de una pérdida traumática. El primer tipo incluye las emociones naturales (como tristeza, soledad, anhelo e ira, entre otras). Al respecto, ella señala que “es fundamental para nuestra salud mental permitirnos sentir todas las emociones que tenemos con relación a esa pérdida para dejar que sigan su curso natural”.

Ella se refiere al segundo tipo de emociones como “sentimientos fabricados” y hace énfasis en algo importante: “Estos sentimientos no se basan directamente en nuestra respuesta natural a la pérdida, sino en cómo la interpretamos personalmente. Si creemos que podíamos salvar a nuestra mascota... entonces sin duda sentiremos culpa y vergüenza”. La Dra. Lawlor hace énfasis en que, al modificar satisfactoriamente la interpretación que hacemos de nuestra pérdida, podremos reemplazar automáticamente esos sentimientos fabricados con “compasión hacia nosotros mismos por lo que hemos vivido y poder reconocer que le dimos a nuestra mascota una vida maravillosa”.

Cada vez que veo ese video de Charlie y Buster persiguiéndose alrededor de aquel montón de madera hace tantos años, disfrutando mucho, estoy eligiendo la compasión en lugar de la crueldad conmigo misma.

El consuelo que encontramos en nuestros vínculos

A pesar de todas las preocupaciones y dificultades que albergamos actualmente sobre lo problemática e invasiva que se ha vuelto la tecnología en nuestras vidas, no podemos negar su capacidad para ofrecernos múltiples vías para nuestro proceso de duelo y los recursos que necesitamos para afrontarlo. Desde ver videos de aquellas mascotas de las que nos hemos despedido y enviar mensajes de texto a nuestros amigos sobre esa pérdida, hasta tener acceso a grupos y herramientas de apoyo en línea para sobrellevar el duelo, tenemos a nuestra disposición una cantidad inagotable de recursos digitales cuando sufrimos la pérdida de una mascota.

Best Friends cuenta con un grupo de Facebook de Angels Rest dedicado exclusivamente a ofrecer apoyo y un vínculo para las personas que han perdido a su querida mascota y buscan una comunidad donde puedan compartir y procesar esa experiencia. La Dra. Lawlor explicó lo siguiente: “Siempre recomiendo comunicarse con la sociedad protectora de animales a nivel local o con Best Friends para saber qué opciones de apoyo tenemos para afrontar nuestro duelo”.

La plataforma Pet Loss Community, fundada por la Dra. Lawlor junto con las doctoras en veterinaria Lisa Lippman y Mónica Tarantino, ofrece una variedad de recursos en línea para las personas que están afrontando la pérdida de una mascota de compañía o se están preparando para despedirse de ella. Esto incluye ayuda individual de un(a) especialista en duelo y pequeños grupos de apoyo en línea dirigidos también por un(a) especialista.

Cuando establecemos vínculos, ya sea en persona o en línea, con otras personas que han experimentado el mismo tipo de duelo, podemos comprender mejor y validar nuestros sentimientos, mientras también recordamos que no estamos solos.

Cómo preparar nuestro corazón y nuestra mente para sobrellevar la próxima pérdida

Peaches, la mayor de nuestras dos perras actuales, cumplió 14 años este verano. Ella es la última de nuestros cuatro perros originales, entre los que estaban Charlie, Buster y Hudson, quien falleció a los 14 años. Si bien todavía está saludable y puede correr por el jardín para decirles a las ardillas exactamente lo que piensa de ellas, Peaches ya está mostrando claras señales de deterioro. Su rostro, que antes era de color canela, ahora está casi completamente blanco. Sus ojos están nublados y respira con cada vez más dificultad. La artritis en la columna ha transformado su forma de trotar, que por lo general hace sin esfuerzo, en un andar más bien torpe y tambaleante.

La mayoría de nosotros llevamos a nuestras mascotas a casa sabiendo perfectamente que viviremos más tiempo que ellas y tendremos que afrontar su fallecimiento. En algunos casos, anticipamos ese fallecimiento desde temprano debido a un hecho inesperado o a un pronóstico terminal. En otros casos, simplemente nos damos cuenta de que nuestras mascotas se acercan al final del ciclo de vida normal propio de su especie y debemos prepararnos de alguna forma para asimilar lo inevitable.

El duelo anticipado es un término psicológico que se utiliza para describir el duelo que atravesamos antes de una pérdida inminente. La Dra. Lawlor afirma lo siguiente: “En realidad, creo que el duelo anticipado puede ser más difícil porque lo experimentamos mientras ellos todavía están aquí y… ejercemos una presión extraordinaria sobre nosotros mismos para lograr que sus días sean perfectos y estar extremadamente atentos a sus cuidados. Es realmente difícil sostener esto”.

Mientras termino de escribir esto, estoy sentada en mi jardín observando a Peaches acostada de lado sobre el césped. Probablemente le he tomado un par de decenas de fotos y videos mientras hace esto. Desde lejos, la forma de su cuerpo y su pelaje color canela hacen que se parezca a un poni palomino que se quedó dormido en el pasto. De vez en cuando, levanta la cabeza para olfatear el aire o mueve de forma juguetona una pata hacia nuestra perra más joven cuando pasa a su lado. Pero la mayor parte del tiempo, simplemente se queda allí tranquilamente, recibiendo los rayos del sol e impregnándose de los aromas propios del verano. Este es su pasatiempo favorito. Observarla se ha transformado en el mío.

Al igual que el video de Charlie y Buster corriendo alrededor de la pila de madera, estos momentos en el césped con Peaches serán los recuerdos a los que recurriré cada vez que el dolor de su pérdida vuelva a aparecer en los rincones de mi mente y me desafíe a elegir la culpa, en lugar de la compasión hacia mí misma.

Este artículo se publicó originalmente en la edición de noviembre/diciembre de 2023 de la revista de Best Friends.

Logremos que en todos los albergues y las comunidades ya no se sacrifiquen mascotas por falta de espacio

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